4/19/2009
Peste
Como no tengo mortero, reviento los ajos con un moledor de papa y luego los vacio junto a todos los demás ingredientes a la moledora eléctrica (llamada también 1,2,3)... el departamento resulta tan impregnado de olor ajo, sobre todo la cocina, que me termina mareando.
Al pesto, al pasto, al pisto y peste...
El almuerzo y su aroma me dejaron demente.
4/17/2009
Tarea
"traer un poema de máximo 3 estrofas"
Él se había olvidado y me dijo justo cuando yo me iba a clases. La interner se nos había desconfigurado y lo primero que encontré fue un librito flaco de poesía de Jorge Teillier. Se lo pasé, me despedí y me fui.
A la noche, de vuelta en casa veo que ha copiado el poema: Telegrama con una letra horrible y me parece complicado que lo haya entendido, busco por aquí por allá otros poemas cortos y se los meto en la mochila.
Hoy le pregunto ¿te sirvió algún poema de los que te puse en la mochila? y me responde que no, porque los vio después de trabajar. Entonces le pido que me cuente que hizo con el poema, y resulta que se lo aprendió y además le hizo un dibujo, y aquí está:
Después del dibujo habían algunas preguntas sobre la cantidad de estrofas y versos ysobre los sentimientos que expresaba el poema y Darío respondió: Amor y desesperación.
Ahora debe aprendérselo (ya casi se o sabe) para recitarlo frente a su curso.
3/21/2009
Vuelvo a tener perspectiva

El día que rodamos por la ladera felices, dejé mis lentes botados, volvimos una y otra vez a los sitios en que habíamos estado pero no los encontramos. A pesar de que hace tiempo sentía que debía cambiarlos, por lo desvencijado del armazón y porque mi vista no era la misma de hace años, igual sentí una tremenda frustración por mi estupidez de perderlos... por el absurdo de mi jugada, porque claro, es fácil olvidar un libro, una bufanda, u otro accesorio, pero los lentes ópticos no son un simple accesorio son un accesorio y una necesidad. Claro está, que un libro es más fácil de ver y en cambio, mis armazones eran realmente fáciles de camuflar en la hierba o los matorrales.Por otro lado, por fin era libre de ellos y me sentiría obligada a reemplazarlos, pero el momento era el menos oportuno, nosotros dos sin pega estable y llegando a marzo que es tan complejo. En realidad era una irresponsabilidad de mi parte, pero accidental, o quizá inconscientemente a drede, nunca se sabe.
La cosa es que estuve prácticamente un mes sin lentes y ayer a las 19:00, los recibí nuevamente y mi vida volvió a tener perspectiva y dejó de ser una mancha difusa a lo lejos. Además como era de noche la definición de luces y brillos me dejó deslumbrada y lo único que quería era seguir caminando por las calles de santiago y disfrutando de los perfiles del mundo.
A pesar de tener más color, los nuevos lentes no son en realidad un diseño tan distinto del anterior, y es que una tiene sus gustos que no puede realmente mutar sólo por rodar cuesta abajo.3/01/2009
Transantiago informa?????
Esto no es una joda, quise saber como cubrir dos direcciones de Maipú en una misma mañana y esto fue lo que me entregó la página del transantiago, hasta acá siempre me facilitaba la vida, pero esto???... realmente no sé que pensar... si alguien entiende que significa o estima cuantas horas voy a andar sobre la micro, me avisa.Salu2.
2/15/2009
La vida sin colores
Nosotros en Puerto Saavedra, IX región, Chile.



El tren en Temuco, IX región, Chile.
1/07/2009
Mis Cosas Preferidas I
Los abanicos, chinos o españoles, plegables o no, de bambú, ébano, plástico, papel o tela, pintados a mano o impresos, todos me gustan.
Este abanico de color celeste pintado a mano es muy grande por lo que abanica muy bien y es un recuerdo de Granada.
Este en cambio, es pequeño y frágil pero no se queda muy atrás abanicando y fue el primero que compré. Lo tengo de 2001 y es un recuerdo de Árica.
1/04/2009
De 7 a 12... el sol inunda todo mi dpto.
Es un duelo amoroso que vivimos año a año, cada vez que nuestro alegre y vital pero fastidioso compañero de verano nos abandona, hasta que se borra el tatuaje que nos ha dejado, liberándonos y haciéndonos perdonar y suavizar los recuerdos, acentuando los buenos, diluyendo los malos.
Es tan fuerte el sentimiento de tristeza que su ausencia nos provoca, que aunque hayamos estado sedientos bajo su regazo o nos haya dolido su tatuar al final del invierno, estamos listos para volver a caer en su juego. Y cada primavera esperamos inocentes, dispuestos a sus encantos.
Ticha 04/01/09.
12/25/2008
Sorpresa "treintañera"
Sonó el timbre, abrí la puerta y era mi esposo... y yo imaginándolo solito en Santiago y él volando a Temuco.
Es un pesado me hizo pensar que no lo vería, pero es un pesa'o jugado y fue re-lindo que llegara de sorpresa.
Acá no le teníamos regalo porque no sabíamos que venía, pero igual salió algo y en fin... estoy contentita y ahora mi amor va volando de vuelta y yo no sé aún bien que día volveré.
Feliz Navidad atrasada ya a esta altura.
12/01/2008
Este 25 de diciembre cumplo...
Estoy leyendo Treinta años de Carmen Boullosa, claro voy a paso de tortuga, igual como leí Memorias de una sobreviviente de Doris Lessing, que terminó desconcertante como es casi todo el texto y más... es decir, el final estaba al tono de la historia y más. Debo aclarar que la lentitud en la lectura se debe nada más y nada menos que al hecho de estar después de los textos de análisis curricular, de ciclo vital y del taller de práctica y por defecto también a la cola de los trabajos que esos ramos me dan.En un principio pensé que Treinta años sería "fome", razonamiento que sólo se sustentaba en prejuicios (lo compre en oferta, no conocía a la autora), además que es un libro de un estilo de contraste absoluto con el de Doris Lessing, sin embargo, estoy súper contenta con la historia, medio inquietante, medio nostálgica y llena de erotismo, me hace recordar mi niñez y es muy recomendable para los 30 años tal como su título.
10/23/2008
Era lo "vintage"
Entre paréntesis: espero que quienes tienen interés en que redacte otra cosa (me incluyo) cuando lean esto no sean capaces de asociar la fecha en que lo escribo, con la situación crítica que hoy vivimos, en resumen, que no se enojen porque me distraigo 30 minutos.
Continúo, decía que descifré el misterio de mi nostalgia, la razón de mi conexión exagerada con recuerdos tan ligeros, y es que, una de las mayores características del cachito de Europa que conocí, es su vejez arquitectónica y el partido que se le saca a ésta. Es decir, los centro urbanos, si bien tienen todas las comodidades que conocemos y más, mucho más (buenos paraderos, agradable transporte, buenos basureros, receptores de pilas, luminarias hermosas y mucho aseo...), no tienen grandes tiendas que sean invasoras a la línea arquitectónica, lo que produce armonía, por su parte, la armonía ayuda a calmar, la calma evita el estrés y la falta de estrés produce satisfacción, pero no: nostalgia. ¿Cuándo se produjo la nostalgia que me mantiene amarrada al recuerdo recurrente y desconcentrante?
Cuando ingreso a los negocios en Granada y en Málaga. Porque no existen las cadenas de farmacias que hayan arrasado con todo lo tradicional imponiendo una línea única de decoración y de estética que no rememora nada, sino que cada farmacia es un cuento, es un almacén, con su mostrador de madera, sus estantes atiborrados y su farmacéutico parlanchín. Son muchas igual que acá, pero sólo se identifican del resto de la arquitectura por una Cruz de Malta de luz verde o roja. Ellas como todo el comercio y los servicios son parte de un todo, una arquitectura como la que aquí se podría apreciar, si no estuviera tan sucia, en calle Maturana (Barrio Concha y Toro), por ejemplo. Y bueno, es eso lo que me recuerda a mi infancia en Temuco, el Temuco anterior a la era del arrase, la destrucción y la imposición.
El haber ingresado a una ferretería en Málaga, tan pequeña y tan surtida, con su dependiente tan amable y servicial, con ese despelote de artilugios puestos como sea y por todos lados y nuevamente el mesón- vitrina de madera y vidrio, me llevó quizás a despejar el lugar de mis recuerdos mejor atesorados: la infancia. Y el valor "social" que tenían la ferretería y la farmacia a pesar de lo poco estilosas que pudieran ser a los ojos de un modernista empedernido, les dio valor a esos recuerdos, les dio sentido, porque todo lo que vi en esas ciudades del sur de España tenía cierta relación con lo que viví los primeros años de mi vida en el sur de Chile.
Puede sonar muy rebuscado, pero es real, allá el tiempo y el progreso han pasado sumando tecnología y por ende, calidad de vida, pero no arrasando el patrimonio histórico- cultural, lo que desde mi punto de vista, es enormemente rescatable, valioso y atesorable, porque somos lo que hemos vivido y ninguna imagen del recuerdo es tan viva como nuestra historia en el mundo artificial real y presente.
La cohesión entre avances tecnológicos y la valoración de nuestra historia, que presencié en ciudades como Granada y Málaga e incluso Barcelona, es lo que no tiene precio y lo que se quedó presente por sobre todas las cosas y me lleva una y otra vez a revivir el viaje.
10/20/2008
10/05/2008
9/21/2008
La cámara (2)
Antes de viajar, sólo unas horas antes, nos compramos otra cámara, una Nikon con la ilusión de tener mejores recuerdos de los lugares por conocer. La verdad es que el capricho era más bien mío, pero en fin.Resulta, como es obvio, que los mejores lugares fueron fotografiados con la cámara nueva. Lugares como: L'aquarium de Barcelona que tanto gustó a Darío, la Casa Batlló de Gaudí que tanto nos encantó a los tres, El Hospital de La Santa Creu I Sant Pau que es patrimonio de la humanidad o el Castillo de Gibralfaro en que Darío flipó, hasta que... en el Jardín Majorelle de Marrakech se cayó y no contenta con eso, rebotó dos veces y se estropeó el lente. Adiós cámara nueva.
Entonces, le pusimos la tarjeta de memoria a la cámara Kodak, pues la de ésta ya estaba llena, entre otras cosas con fotos de mi sobrino y su cumpleaños.
Bueno, ya con la cámara nueva estropeada, seguimos tomando fotos con la de siempre y la última foto que tomamos fue a Darío en el aeropuerto de Roma... después de eso, ni mi esposo, ni yo sabemos que pasó con ella. O sea, se nos perdió la cámara vieja con la tarjeta de memoria más grande y las mejores fotos y nos quedamos con la nueva, estropeada y con la tarjeta de memoria enana.
Por lo tanto, igual tengo una que otra foto... y aún tengo una pequeñita esperanza de recuperar la otra, cómo... igual como se llega a Roma. Ingrid, ahora tú también podrías unirte a esa esperanza :P




Estas fotos son todas de Granada: 1) en la parada de autobuses, 2) en la Casa-cueva en que nos alojamos, 3 y 4) en el Albaicín (o Albayzín) y 5 y 6) en la Alhambra y el Palacio de Carlos V.
9/19/2008
De vuelta en Chile
La primera escala fue en Sao Paulo, donde un escáner de maletas divisó una tesora, yo insistía no tenía ninguna tijera, la oficial insistía que sí y cuando dijo que parecía escolar, recordé el estuche de mi hijo y como era escolar la dejaron pasar.
La entrada a la unión europea la hicimos en la segunda escala: Milano, lo primero que se nos dijo fue: primera vez en Europa (el pasaporte estaba en blanco) y el tono era de sospecha, pero como teníamos un montón de papeles que acreditaban que no queríamos quedarnos allá, pasamos sin problema.
Nuestro primer susto fue con una maleta que demoró mucho en aparecer y justo cuando la fuimos a pedir a la oficina correspondiente, llamaron ahí que la habían encontrado perdida y nos la entregaron.
Llegamos el 5 de septiembre a medio día a Barcelona y nos esperaba la mujer de mi primo... no la conocíamos pero ella nos reconoció enseguida.
En Barcelona estuvimos hasta el día domingo 7, entonces vino mi segundo susto porque llegó la hora del bus a Granada y mi esposo no aparecía (andaba en un Foro al que había sido invitado), sin embargo, yo no estaba dispuesta a perder pasajes y hotel, y decidí irme sola y que él se fuera después y nos encontrara allá, pero cuando ya había que subirse al bus, apareció y viajamos toda la noche.
En Granada tomamos un autobús para el lado contrario y nos hicieron un citytour improvisado antes de llevarnos al "hotel". Dormimos dos días en una Casa-cueva del Sacromonte para después viajar a Málaga donde sólo estuvimos una noche y tomamos un bus a Algeciras, límite sur de España. Aquí tomamos el Ferry que hizo vomitar mucho a Darío, a Tánger (Marruecos) donde no dormimos, sino que tomamos el tren nocturno (11 horas) a Marrakech. En Marrakech estuvimos 3 noches en un Ryad (hotel) de la mezquita, y en uno de esos días nos escapamos a Essaouira en taxi, 3 horas de ida y 3 de vuelta.
De Marrakech tomamos el tren a Casa Blanca, donde dormimos una noche pues de ahí salía el avión a Barcelona para ya volver a Chile.
Sin embargo, perdimos el avión a Barcelona, y tuvimos que tomar otro, a Valencia donde pasamos la noche en el aeropuerto y de madrugada tomamos un bus a Barcelona donde después de almorzar volvimos a Chile, obviamente pasando por dos escalas: Rome y Sao Paulo.
Tras este aglutinado viaje me doy cuenta de que el mundo no es un pañuelo, y de la increíble capacidad de adaptación que tiene el ser humano a las zonas horarias, los viajes, los lugares, las personas, las costumbres, los olores, las comidas y... en general a los cambios.
Ahora siento que tengo tanto que contar. Pero no tengo fotos porque se me quedó la cámara con tarjeta y todo, en algún avión (supongo) así que tendré que hacerlo de a poco, lenta y descriptivamente.
Salu2.
8/27/2008
Para quejarme está el blog. :P
Como en ciertas películas de Renée Zellweger (Jerry Maguire, 1996 o Bridget Jones's Diary, 2001), hoy padecí de ciertos inconvenientes.
Primero me devolví del ascensor a buscar la llave de casa que en realidad la tenía en el bolso. Luego me fui en un colectivo hasta Alameda, caminé a la parada del micro, hice la cola y entonces descubrí que lo que había dejado en casa era la bip.
Llamé a casa y me puse de acuerdo para que me la alcanzaran. Llamé al colegio para avisar que llegaría tarde. Me devolví en los mismos colectivos en que me fui hasta Alameda, ahora sólo hasta el metro. Ahí me pasaron la bip. Entonces "para ganar tiempo" no tomé el metro (tendría que combinar de nuevo), sino que caminé por Catedral a tomar el micro, iba bajo la lluvia cuando ¡plaff! un simpático automovilista (una bestia) me dejó totalmente mojado mi lado izquierdo, lo que sentí como un balde de agua fría directo a la cara, y si llegó a mi cara, era que me había mojado toda. No quise ni ver. Increíble que parezca no sentí rabia, seguí mi camino.
Tratando de sacar un pañuelo desechable y caminando sobre la rejilla del metro, éste, con su aire caliente, me volteó por completo el paraguas, haciéndolo incontrolable. Por algunos segundos me sentí derrotada. No hoy, no ahora.
Minutos después estaba sobre la 306 que olía a quemado, secándome la cara, la oreja y el pelo, con un pañuelo que iba quedando algo gris, pensando en lo asquerosa que debía estar esa agua, sintiendo frío y con un miedo fatal... no sabía que más me podía pasar. Además no tenía ni siquiera un espejo.
Con 45 minutos de retardo entré al salón y fingí, los 45 que quedaban, que nada malo había pasado. Mas bien, olvidé todo lo sucedido. Respondí preguntas, resolví dudas, di ejemplos y me paseé... porque eso es lo que hago. Siempre pensando cuando sabré si se acabó la "mala racha", porque siempre hay que tener en cuenta frente a cualquier eventualidad, que puede venir una peor.
Ahora me muero de ganas de contarlo todo, y kgarme de risa.
8/11/2008
Herencia intangible
De pronto soy él. Estoy en su lugar y "sufro" sus mismas actitudes, aquellas que tanto criticamos, son mías, se apoderan de mi cuerpo como alma en pena que busca vivir, y veo en cada uno de mis movimientos y acciones las suyas. Y es entretenido, delirante, absorbente. Me hace conocerle más y entenderle. Pero ¿quién me entiende a mí ahora?... estoy aquí, en la cocina, después de que todos se han largado a dormir o trasnochar en sus quehaceres, haciéndome una ensalada de cochayuyo.
Estoy saciando un antojo, tan mío como mis reflexiones, tan incomprendido como él cuando llega a desafiar lo que hay para cenar trayendo su propia "golosina" y se la prepara en soledad mientras los demás le "damos la espalda" y le despreciamos con la actitud.
Ahora soy yo, que en la sombra, del que ahora es mi hogar, elijo un momento de soledad y preparo mi cochayuyo con cebolla y cilantro, y sé que los demás piensan que no es rico, sino al contrario, y sé que repugnarían ante él y para mí es tan preciado con su hermoso color café adornado de verde.
Y eso no es todo, el cilantro lo he tenido que buscar cuidadosamente entre las hojas muertas del atado, he tenido que rescatar "con pinzas" aquello que servía, todo por un exótico e incomprendido placer culinario.
Es el fenotipo que condena.
6/27/2008
6/02/2008
flickr's chilensis
gorro bordado!, originalmente cargada por *unadani.
Abriga, originalmente cargada por zurZa.
Gata Colomba, originalmente cargada por Ticha PitRufina.
bolso flores corazon, originalmente cargada por nubes de plastico.
wiii!!, originalmente cargada por ameliechucky.

wiii!!, originalmente cargada por ameliechucky.
regalo para un beibi, originalmente cargada por A mano.
5/15/2008
Creación chilena, artesanía nacional
Es de Mónica Vásquez, de Nueva Imperial. Lo entretenido es que se le saca la base y entonces, emulando una matrioshka, se repite. Es muy tierna y pequeñita.
Este "feroz" tiburón de esponja lo compramos en Santiago, específicamente en la Alameda, afuera de la Biblioteca Nacional. Lo más genial es que el artesano a tijera y pegamento, estaba haciendo sus personajes, ahí mismo en la calle. Te comprabas el títere "en la puerta del horno".
5/07/2008
SELECCIÓN MÚLTIPLE
De mi primer año en la escuela, junto a la “tía” María Cristina, tengo vagos recuerdos. Muchas veces éstos son resumidos en verdaderas constelaciones emocionales más que imágenes como tal. Recuerdo por ejemplo, que salí de candidata a reina, pero lo que recuerdo en realidad es que, en mi interior deseaba profundamente que ganara Natalia porque para mí era la más bonita, con su pelo negro y ondulado.
De rey feo elegí a Andrés, el mellizo más revoltoso, que se tomaba mi leche y me daba sus galletas. A Augusto, la “tía” Cristina le dijo que al año siguiente le tocaría.
Recuerdo también los dictados de sílabas. La “tía” Cristina leía palabras marcando las sílabas con las palmas y nosotros dibujábamos una raya por cada sílaba que oíamos. Al final me enorgullecía tener todas las palabras buenas. Igual que el día de las líneas diagonales en el cuaderno de apresto. A todos les quedaban unidas hacía abajo formando una diagonal grande, y no lograban hacer las hileras verticales de rayitas diagonales, alternadas por hileras verticales de cuadros vacíos, entonces la “tía” Cristina me invitó a “explicar” puesto por puesto a mis compañeros. Fue muy emocionanate.
Recuerdo que una vez falté a clases y me sentía inquieta. Mi mamá me dijo, que después del doctor debíamos pasar a hablar con la “tía” Cristina para explicarle mi ausencia. Entramos en la sala, y ya desde la puerta, se sentía esa mezcla de polvo en suspensión, aroma a vainilla de la leche y las galletas de cereal.
Mientras ellas hablaban, a mí se acercaron algunos niños para saber por qué recién llegaba y, cuando mi mamá y la profesora se despedían, les pregunté si ahora me podía quedar. Ellas se miraron con una sonrisa, ya no había nada que hacer, me había perdido un día de clases.
Y por supuesto recuerdo el “ene tene… tene tene tú, las manzanitas las repartes tú” que se cantaba antes de repartir la fruta que todos llevábamos y la “tía” había picado para que todos tocáramos de todo.
En primer año éramos catorce alumnos, sólo tres niñas. La profesora tenía aspecto de señora (no como la “tía” Cristina que tenía cuerpo de bailarina). Su nombre era María y la recuerdo bastante poco. Aquí nuevamente me escogieron de candidata a reina, pero yo dije que ya había sido y la profesora me preguntó si le daría la oportunidad a alguien más y escogimos a Carolina R. Augusto el mellizo postergado, se decepcionó.
La profesora, quién no sabía del acuerdo del año anterior sino hasta después del enroque entre candidatas, inventó un acto sobre “Los tres alpinos”, donde yo era la princesa (con el mismo vestido de reina del kinder) y Augusto era el alpino más chiquito. El que trae un ramo de flores.
No sé si quedó conforme al fin, pero encuentro que la profesora fue de verás ingeniosa, pues sólo de grande me di cuenta de que el acto era un premio de consuelo.
En cuarto básico dejé mi adorada escuela. La dejé con sus anchas y altas puertas de hierro, con el olor a parafina de sus pasillos, con las barras del patio, con su polvoriento gimnasio, con sus sauces llorones, la dejé con sus cielos rasos tan altos, con sus gruesas paredes y con su profesora de inglés que cantaba tan bonito. La dejé y la dejé y pensé que nunca la volvería a ver.
A quinto llegué a una escuela más chica y desaliñada. De cielos bajos, pasillos estrechos, puertas livianas y patio pavimentado. Pero con el mismo olor a polvo y parafina.
La profesora Julia era muy estricta para algunas cosas, pero la calidad de sus alumnos era demasiado baja y ella lo hacía notar. Le encantaba pedir los verbos en cualquier momento. Era un asalto el que sufrías en plena concentración. Segunda persona del plural del pretérito perfecto del verbo huir… te asechaba de improviso. Pero ella tenía un problema grave de favoritismo, y sabías si le caías bien, en la medida en que más te interrogaba. Aquellos a quienes no consideraba, nunca les exigía mucho.
Diría que en esa escuela me dediqué a cantar en los actos de día lunes. Debo reconocer que mi primer canto fue un fracaso, pues a mis diez años elegí una canción infantil y eso no era lo que esperaba el alumnado. Después muchos compañeros se contagiaron y en sexto o séptimo año éramos el curso que más cosas preparaba para los actos de toda efeméride conocida.
Cuando pasé al liceo me encontré de nuevo con Carolina R., sólo había estirado, seguía tan flaca como a los nueve años y tenía al mismo buen humor. También me encontré con Jonathan L., el eterno mejor alumno de la clase en mi primer ciclo, con Carlos S., el mejor en mi curso en la segunda escuela y con los mellizos.
Jonathan tampoco había cambiado su manera de ser, de seguro había sido el mejor compañero como desde kinder. Los mellizos no estaban en mi jornada así que nunca pude saber si seguían teniéndose rivalidad.
Mi profesora jefe de enseñanza media lamentablemente tenía poco carácter, era muy emotiva y en su clase había siempre mucho ruido. Recuerdo un día en que como siempre, hablaban todos a la vez y ella discurseaba sola y, entre murmullos sofocantes, oí que dijo algo sobre una poetisa que se suicidó internándose en el mar y por inercia dije Alfonsina. La profesora sonrió radiante, pues alguien le ponía atención.
En matemáticas, durante el primer año me tocó Matamala, un profesor que se pasaba gran parte de la clase hablando de sus correrías adolescentes y al final, explicaba un par de ejercicios para la clase siguiente. Con él no aprendí nada, al contrario me fue muy mal, en cambio, comí muchos chocolates, porque tenía la manía de enviar a comprar algo al quiosco a quien sorprendiera conversando. Al final de la clase sorteaba las golosinas recolectadas y, si salía sorteado alguien que no había asistido, me tocaba a mí porque había parecido estatua toda la clase.
En arte, durante los dos primeros años, nos tocó una profesora muy menuda y de nariz muy respingada, que nos hacía hablar muy alto y modular muy bien. Era muy mañosa, por todo ponía problema y manejaba el arte como mucha disciplina. Que los bordes, que las medidas, que la exactitud del trazo. Todo tenía una regla, un principio, una acotación. No había libertad alguna con ella. Por su apariencia física tan pequeña y estirada, la llamábamos “laucha pituca” y en cuarto medio, participando de su taller de historia del arte, me enteré que toda su obsesión por la modulación era porque padecía de sordera.
Cuando salí del liceo, volví a entrar a Marcela paz, mi primera escuela. Ahora estaba convertida en liceo técnico profesional femenino. Entré, para buscar la sala en que tenía que dar la prueba de aptitud académica y los recuerdos me acosaron como fantasmas embravecidos, se agolparon sobre mí y hasta hoy no los había escrito, no los había oído.











