8/11/2008

Herencia intangible

De pronto soy él. Estoy en su lugar y "sufro" sus mismas actitudes, aquellas que tanto criticamos, son mías, se apoderan de mi cuerpo como alma en pena que busca vivir, y veo en cada uno de mis movimientos y acciones las suyas. Y es entretenido, delirante, absorbente. Me hace conocerle más y entenderle. Pero ¿quién me entiende a mí ahora?... estoy aquí, en la cocina, después de que todos se han largado a dormir o trasnochar en sus quehaceres, haciéndome una ensalada de cochayuyo.
Estoy saciando un antojo, tan mío como mis reflexiones, tan incomprendido como él cuando llega a desafiar lo que hay para cenar trayendo su propia "golosina" y se la prepara en soledad mientras los demás le "damos la espalda" y le despreciamos con la actitud.
Ahora soy yo, que en la sombra, del que ahora es mi hogar, elijo un momento de soledad y preparo mi cochayuyo con cebolla y cilantro, y sé que los demás piensan que no es rico, sino al contrario, y sé que repugnarían ante él y para mí es tan preciado con su hermoso color café adornado de verde.
Y eso no es todo, el cilantro lo he tenido que buscar cuidadosamente entre las hojas muertas del atado, he tenido que rescatar "con pinzas" aquello que servía, todo por un exótico e incomprendido placer culinario.

Es el fenotipo que condena.

3 comentarios:

  1. Que bella manera de regalonearse... dónde andabas??... besitos

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  2. ja!!, me ha pasado cuando lelgo de clases tipo 23:45, cuando ya no hau nadie en casa y todo duermen, busco en la soledad la mejor compañia para beber un rico te verde sin azucar... y me deleito observando la noche

    Por qué te perdiste tanto?
    Cómo va la U?

    Saludos

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  3. tichita vengase pa mi casa y comemos vacijas enormes de ensalada de cochayuyo con cebollita y cilantro..................maravillade los mares!!!

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