5/07/2008

SELECCIÓN MÚLTIPLE

(de recuerdos)

Una de mis primeras cartas fue de mi padre. En ella, él se justificaba porque la distancia no le permitía asistir a mi primer día de clases. Además, me deseaba que me fuera muy bien en ese nuevo mundo que me disponía a conquistar.
De mi primer año en la escuela, junto a la “tía” María Cristina, tengo vagos recuerdos. Muchas veces éstos son resumidos en verdaderas constelaciones emocionales más que imágenes como tal. Recuerdo por ejemplo, que salí de candidata a reina, pero lo que recuerdo en realidad es que, en mi interior deseaba profundamente que ganara Natalia porque para mí era la más bonita, con su pelo negro y ondulado.
De rey feo elegí a Andrés, el mellizo más revoltoso, que se tomaba mi leche y me daba sus galletas. A Augusto, la “tía” Cristina le dijo que al año siguiente le tocaría.
Recuerdo también los dictados de sílabas. La “tía” Cristina leía palabras marcando las sílabas con las palmas y nosotros dibujábamos una raya por cada sílaba que oíamos. Al final me enorgullecía tener todas las palabras buenas. Igual que el día de las líneas diagonales en el cuaderno de apresto. A todos les quedaban unidas hacía abajo formando una diagonal grande, y no lograban hacer las hileras verticales de rayitas diagonales, alternadas por hileras verticales de cuadros vacíos, entonces la “tía” Cristina me invitó a “explicar” puesto por puesto a mis compañeros. Fue muy emocionanate.
Recuerdo que una vez falté a clases y me sentía inquieta. Mi mamá me dijo, que después del doctor debíamos pasar a hablar con la “tía” Cristina para explicarle mi ausencia. Entramos en la sala, y ya desde la puerta, se sentía esa mezcla de polvo en suspensión, aroma a vainilla de la leche y las galletas de cereal.
Mientras ellas hablaban, a mí se acercaron algunos niños para saber por qué recién llegaba y, cuando mi mamá y la profesora se despedían, les pregunté si ahora me podía quedar. Ellas se miraron con una sonrisa, ya no había nada que hacer, me había perdido un día de clases.
Y por supuesto recuerdo el “ene tene… tene tene tú, las manzanitas las repartes tú” que se cantaba antes de repartir la fruta que todos llevábamos y la “tía” había picado para que todos tocáramos de todo.
En primer año éramos catorce alumnos, sólo tres niñas. La profesora tenía aspecto de señora (no como la “tía” Cristina que tenía cuerpo de bailarina). Su nombre era María y la recuerdo bastante poco. Aquí nuevamente me escogieron de candidata a reina, pero yo dije que ya había sido y la profesora me preguntó si le daría la oportunidad a alguien más y escogimos a Carolina R. Augusto el mellizo postergado, se decepcionó.
La profesora, quién no sabía del acuerdo del año anterior sino hasta después del enroque entre candidatas, inventó un acto sobre “Los tres alpinos”, donde yo era la princesa (con el mismo vestido de reina del kinder) y Augusto era el alpino más chiquito. El que trae un ramo de flores.
No sé si quedó conforme al fin, pero encuentro que la profesora fue de verás ingeniosa, pues sólo de grande me di cuenta de que el acto era un premio de consuelo.
En cuarto básico dejé mi adorada escuela. La dejé con sus anchas y altas puertas de hierro, con el olor a parafina de sus pasillos, con las barras del patio, con su polvoriento gimnasio, con sus sauces llorones, la dejé con sus cielos rasos tan altos, con sus gruesas paredes y con su profesora de inglés que cantaba tan bonito. La dejé y la dejé y pensé que nunca la volvería a ver.
A quinto llegué a una escuela más chica y desaliñada. De cielos bajos, pasillos estrechos, puertas livianas y patio pavimentado. Pero con el mismo olor a polvo y parafina.
La profesora Julia era muy estricta para algunas cosas, pero la calidad de sus alumnos era demasiado baja y ella lo hacía notar. Le encantaba pedir los verbos en cualquier momento. Era un asalto el que sufrías en plena concentración. Segunda persona del plural del pretérito perfecto del verbo huir… te asechaba de improviso. Pero ella tenía un problema grave de favoritismo, y sabías si le caías bien, en la medida en que más te interrogaba. Aquellos a quienes no consideraba, nunca les exigía mucho.
Diría que en esa escuela me dediqué a cantar en los actos de día lunes. Debo reconocer que mi primer canto fue un fracaso, pues a mis diez años elegí una canción infantil y eso no era lo que esperaba el alumnado. Después muchos compañeros se contagiaron y en sexto o séptimo año éramos el curso que más cosas preparaba para los actos de toda efeméride conocida.
Cuando pasé al liceo me encontré de nuevo con Carolina R., sólo había estirado, seguía tan flaca como a los nueve años y tenía al mismo buen humor. También me encontré con Jonathan L., el eterno mejor alumno de la clase en mi primer ciclo, con Carlos S., el mejor en mi curso en la segunda escuela y con los mellizos.
Jonathan tampoco había cambiado su manera de ser, de seguro había sido el mejor compañero como desde kinder. Los mellizos no estaban en mi jornada así que nunca pude saber si seguían teniéndose rivalidad.
Mi profesora jefe de enseñanza media lamentablemente tenía poco carácter, era muy emotiva y en su clase había siempre mucho ruido. Recuerdo un día en que como siempre, hablaban todos a la vez y ella discurseaba sola y, entre murmullos sofocantes, oí que dijo algo sobre una poetisa que se suicidó internándose en el mar y por inercia dije Alfonsina. La profesora sonrió radiante, pues alguien le ponía atención.
En matemáticas, durante el primer año me tocó Matamala, un profesor que se pasaba gran parte de la clase hablando de sus correrías adolescentes y al final, explicaba un par de ejercicios para la clase siguiente. Con él no aprendí nada, al contrario me fue muy mal, en cambio, comí muchos chocolates, porque tenía la manía de enviar a comprar algo al quiosco a quien sorprendiera conversando. Al final de la clase sorteaba las golosinas recolectadas y, si salía sorteado alguien que no había asistido, me tocaba a mí porque había parecido estatua toda la clase.
En arte, durante los dos primeros años, nos tocó una profesora muy menuda y de nariz muy respingada, que nos hacía hablar muy alto y modular muy bien. Era muy mañosa, por todo ponía problema y manejaba el arte como mucha disciplina. Que los bordes, que las medidas, que la exactitud del trazo. Todo tenía una regla, un principio, una acotación. No había libertad alguna con ella. Por su apariencia física tan pequeña y estirada, la llamábamos “laucha pituca” y en cuarto medio, participando de su taller de historia del arte, me enteré que toda su obsesión por la modulación era porque padecía de sordera.
Cuando salí del liceo, volví a entrar a Marcela paz, mi primera escuela. Ahora estaba convertida en liceo técnico profesional femenino. Entré, para buscar la sala en que tenía que dar la prueba de aptitud académica y los recuerdos me acosaron como fantasmas embravecidos, se agolparon sobre mí y hasta hoy no los había escrito, no los había oído.

9 comentarios:

  1. Que envidia!! Ticha, que puedas recordar todo eso!, hasta los olores....
    La niñez, siempre es una mezcla de sentimientos, la escuela, los que fueron nuestros amigos, los que no eran amigos, y los profes!! los tan añorados profes.. cada uno especial.

    Que lindos recuerdos!
    Saludos

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  2. la Laucha Pituca me puso un 3.7 una vez y luego un 3, fueron mis 2 notas rojas del liceo... La profe jefe del Liceo todavía se acuerda de todos nosotros (fue profe de mi hermana),Matamala... no me interesa. Al Jonathan L. no lo he visto desde hace tiempo,debe estar enojado conmigo porque dije que iba a ir a visitarlo como 4 veces y nunca fui (soy medio atuista a veces). Que raro esto de leer los diarios de vida de otros.-

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  3. autista quise decir

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  4. Hola Max, no es parte de algún diario de vida, es una tarea que hice en marzo(estoy siguiendo Pedagogía para profesionales, vespertina, en la Alberto Hurtado).

    No era necesario que corrigieras "autista" ¿recuerdas que leemos correctamente sólo porque están en orden las primeras y últimas letras?

    Que entretenido leerte ¿esperaste en algún momento encontrarte más abajo en el relato?

    Salu2.

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  5. Oye que buen relato, bueno yo me acuerdo exactamente de todo y eso me sierve en mi pega, la ceranía y el cariño, no así el favoritisto, pues no lo tengo o simplemente no lo hago notar...

    me gsto lo que esvribiste.
    (no puedo opinar en el link que me enviaste al correo GRRRR)

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  6. Querida Ticha : Yo nunca fui candidata a nada !!! y una vez casi di un golpe de estado para ser presidenta de curso !!!.
    Oye tiempo que no nos vemos !!
    El Benja està de cumples el domingo pero harè algo familiar primero y de ahi con la patota de amigos !!
    Besos para todos .

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  7. Increible ejercicio ese. Vale la pena haber escrito todos esos recuerdos. Fui a cuatro escuelas desde el kinder hasta el liceo pero todavia recuerdo mis amigos de kinder!!!!

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  8. Qué tiernos tus fantasmas embravecidos......... hay que decir que son contagiosos, me han traido una cantidad de recuerdos de mis años mozos y los mas hermosso.
    Que lindo escribes Tichita preciosura, entiendo a todas tus tias que te escogian una y otra vez de reina, quizas en la Alberto Hurtado, un dia de esto salgas reina del Otoño.
    Eres una preciosurosa de las carteras gatunas, de las letras y de los hermosos recuerdos.

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  9. Hola Bea, aunque ya no uses ese nombre en realidad, aunque yo te recuerdo así. Veo que no soy la única a la cual le asaltan los recuerdos de la infancia ¿será donde veo que mi hija creció tan rápido y no me dí cuenta o por que comenzaré el ciclo nuevamente con otro hijo?... Debo reconocer que en esos tiempor te envidiaba, en secreto, tu talento, creatividad y hasta porque mi pololo estaba enamorado de tí (XD). Hoy me sonrío al recordarlo. Espero que en el reencuentro que planean hacer en septiembre tengamos oportunidad de conversar.
    Nos vemos, Ticha.

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