
Ni un solo arbusto a mi alrededor, menos un baño, sólo verdes carabineros que difícilmente me van a servir de biombo.
Hombres con uniforme mmm… mala combinación, me intimida preguntarles dónde puedo ir al baño.
Doblo la esquina, y aunque uniformada, una mujer se me hace más amigable. Es una Guardia de Palacio que con su uniforme blanco, sobrio, elegante, nada práctico, sino más bien inspirado en la imagen tradicional de un carabinero de 1927, con su carabina cruzada y montada sobre sus botas parece ofrecerme la oportunidad de salvar mi decoro. Por otro lado, yo... mmm… me reservo el derecho de describirme.
-Buenas, le digo.
-¿Si?
-Sabe dónde encuentro un baño. digo mientras me balanceo de forma desesperada cruzando las piernas y apretándolo todo.
-Mmm... un bañooo... mmm… ¿es urgente?
-Demasiado
Acto seguido veo como ella sin hacer sonido alguno me indica discretamente con su mano izquierda por lo bajito. Con cara de interrogación, asombro y fascinación descubro que me esta mostrando que la puerta frente a la cual hace guardia esta algo abierta. Una puerta enorme y más vertical que ninguna y que parece que de cerrarse nunca más se va a abrir.
-¿Ahí?
-Ahá. Y pone cara de atina luego.
Ingreso y sorpresa, la tercera puerta tiene un elegante letrero en bronce que dice: Toilette.
Entro y ¡voilà! Mi dignidad se ha salvado.