7/03/2011

La vida me traerá el futuro: me guste o no.

Este año 2011 ha sido todo un terremoto en mi vida. Justo cuando mi hijo Darío se había vuelto grande, y mientras yo me hacía la desentendida, se volvía independiente y me dejaba más libertad de acción y de omisión, nació mi segundo retoño, Leonela y vuelta a empezar, 10 años después, con el desconocimiento absoluto de lo anteriormente aprendido. Algo así como, dar la PAA (actualmente PSU) una vez cada 10 años y sin repasar nada.
Decía, comencé el año con una guata enorme, que llegaba primero que yo a todas partes y que me traía desequilibrada y vulnerable a los ojos ajemos; luego el 11 de marzo empezó un sueño que a ratos dentro de mi incredulidad pintaba para pesadilla y a ratos pintaba para paraíso. Verme ahí con una criatura tan pequeñita (como 500 gr. menos que mi hijo) de nuevo dependiendo absolutamente de mi, llorado por sus necesidades, las cuales yo debía satisfacer y de paso adivinar, esclavizándome y también alejándome de mi hijo, hasta ese momento mi más intenso amor sobre la tierra... uf, fue complejo.
Sin embargo, se podría decir que hacia el 11 de junio, ya la fiera (desesperación) dentro de mí estaba totalmente dominada, con Leonela nos entendíamos a la perfección (el lazo del apego estaba más que atado) y mi ánimo fue subiendo. Ella, mi hija, se fue transformando en una bebecita tranquila y paciente con horarios y demandas claras. Por otro lado, mi hijo me demostró que para él su hermana era tan importante como para mí y, al contrario de lo que yo pensaba, su parada frente a ella es de un orgullo casi paternal (lo noto en los controles médicos) y no de hermano desplazado y celoso. Nuevamente mi Darío mostró su madurez (que admiro tanto) y esta vez además me dejaba ver lo grande que está. Y es justamente de esto que quería que se tratara esta nota (ya no fue). Mi Darío está grande y es capaz de muchas cosas que yo no había identificado porque aún era mi guagua y ahora, aún volviéndose más regalón, se ha vuelto mi compañía en muchas situaciones y me ha sorprendido por lo eficiente de su ayuda. Claro que, por ejemplo, sigo yendo todos los días a buscarlo a la escuela, , ahora con su hermanita no siempre llego a la hora o a veces nos compliquemos un poco por el cansancio pero lo hago porque me gusta que volvamos juntos.
Ahora viene un nuevo desafío, salir 3 días en la semana con la niña en el marsupio, su bolso en un hombro y el mío en el otro, en locomoción colectiva a dejarla a la sala cuna para asistir al trabajo. La verdad creo que de nuevo la fiera (desesperación) se está apoderando de mí. Pues además de no saber como realmente va a ser tratada mi hija en la sala cuna, tendré que ver con quien o donde almuerza mi hijo esos tres días. Es tan complicado elegir ser madre "cuando está de moda trabajar para vivir". Por mí que me pagaran por criar yo a mis hijos y hacer lo necesario en el hogar para que éste se mantenga como tal y después ya veríamos, pero no pagan por eso, no tiene valor comercial (económico) preservar la especie supongo. Es nuestra obligación.
En fin, la vida me traerá mi futuro quiera yo o no quiera y con él las respuestas a mi fiera (desesperación).

2 comentarios:

  1. Mi vida este año también es un terremoto, reorganizandome en muchos aspectos, que pronto contaré. Pero entiendo tus inquietudes. Pero los hijos de esta época son tan maduros, los admiro profundamente!

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  2. El rol de Darío por lo menos para mi no ha sido sorpresa ya que a lo largo de sus años y no por que sea mi nieto, a demostrado ser un muchacho grande en todo ámbito con un alto sentido de la "ubicación" en los planos donde tenga que desenvolverse y lo ha hecho muy bien y lo seguirá realizando pues es un chico inteligente y con una sensibilidad sorprendente. Gracias Darío por ser como eres. Besos a todos.

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